Firma invitada

Pedro Fernández Alén

PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN NACIONAL DE LA CONSTRUCCIÓN (CNC)

La gran obra de vertebrar España

A menos de dos años de culminar la recepción de los Fondos Next Generation UE llamados a transformar nuestro país, nos encontramos ante un dilema: en un contexto económico-global cada vez más disputado, la cohesión territorial es, a día de hoy, más urgente y prioritaria.

 

Desarrollar una economía competitiva que garantice el bienestar de todos en base a una mayor productividad y que también permitan fijar población es, en última instancia, un reto común para ejecutar la gran obra de vertebrar modernizando España. Desde la lucha contra la despoblación hasta la descarbonización, pasando por la ineludible contribución, dentro de la UE, a crear un polo competitivo mundial ante la consolidación tecnológica de regiones como Estados Unidos o China. Nada que no haya recogido el expresidente de Italia y del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en su comentado informe Competitividad en la UE: mirando hacia el futuro.

 

Estamos hablando de cimentar un país competitivo a base de I+D y de territorio cohesionado, al igual que sus pares internacionales dentro y fuera de la Unión Europea. De ejecutar infraestructuras básicas como centros de datos, edificios inteligentes, internet de alta velocidad o redes de fibra óptica que nos sitúen en la vanguardia mundial digital. De ser un hub premium de turismo de alta calidad atravesado por redes de transportes inigualables y por complejos e instalaciones de alto valor añadido comprometidos con la economía circular y con la sostenibilidad medioambiental. De disponer de infraestructuras portuarias líderes tanto en transporte como en instalaciones energéticas, aeropuertos inteligentes o las más modernas y eficientes instalaciones de energías renovables.

La contratación pública está enferma

Y todo ello, cuando la administración no cae en incorrecciones o errores a la hora de redactar exigencias de solvencia, utilizando un trámite de simplificación burocrática como es la clasificación de contratistas como un control de acceso al mercado, cuando no como una forma de laminarlo y fraccionarlo, como venimos denunciando desde la Confederación Nacional de la Construcción (CNC).

 

Son administrativas que responden muchas veces a la falta de preparación, pero también de sensibilidad, de los técnicos encargados de redactar pliegos que, cada vez con más intensidad, son objeto de impugnación por los administrados.

 

Y qué decir del abuso de los medios propios, de las empresas públicas, otro agravante imperdonable al desarrollo digital y verde para nuestro país y al impulso de nuestro tejido productivo.

 

Todos estos elementos amenazan el progreso, el desarrollo y, con ello, la ejecución final de los Fondos Next Generation EU y los compromisos contraídos con Bruselas.

 

Para empezar, porque nunca hubo tantos contratos procedentes de las administraciones públicas y, a la vez, menos empresas compitiendo por ellos. La media de licitadores se hundió durante el pasado año hasta los 2,99 para 220.291 contratos públicos, cuando en 2019 había una media de 4,09 empresas para cada uno de los 150.74 contratos. Había menos contratos, pero más licitadores; ahora hay más actividad pero menos ofertantes.

 

En relación con los medios propios, la CNC ya advirtió de que su empleo desmedido lleva la competencia a su mínima expresión. El aviso llegó de 2021 a 2022, cuando las administraciones dispararon un 77% el uso de las empresas públicas. Y analizando los importes se incrementa la preocupación, pues si en 2021 los casi 1.900 encargos se ejecutaron por valor de 589 millones, al año siguiente esas cantidades crecieron un ¡350%! hasta los 2.631 millones.

 

Pero el problema no se detiene ahí: más de siete de cada diez encargos a medios propios se concentraron en 14 empresas públicas en 2022. Una situación prácticamente monopolística e inverosímil que aglutina el 71,04% de los 3.346 encargos realizados a medios propios. La competitividad que nos reclaman los retos globales está desaparecida.

 

En CNC queremos proponer para mejorar. Por eso hemos planteado medidas urgentes para mejorar la contratación pública en un momento de incertidumbre e inestabilidad para tantas empresas.

 

Así, proponemos volver a la situación anterior a 2015. Antes de esa fecha -cuando se aprobó la Ley 2/2015 de desindexación de la economía española- en momentos de estabilidad económica y geopolítica, y sin la inflación global de precios que sufrimos hoy, existía un mecanismo de revisión de precios ante las fluctuaciones de costes desproporcionadas de las obras por la energía y materiales, momento en el que era necesario pero menos que ahora, pues la realidad fluctuante e imprevisible que sufrimos desde hace cuatro años navega sin un sistema que permita ajustar los precios de los contratos durante su dilatado plazo de ejecución a la situación actual y real del mercado.

 

Recordemos que de 2020 a 2021 los precios de los materiales subieron tanto como de 2007 a 2020; y que de 2021 a 2022 subieron tanto como de 2005 a 2020. Un año, lo mismo que 15. Y ahora en 2023 vivimos una estabilización de precios, pero en máximos históricos. Por su parte, la energía experimentó un incremento del 190% desde el año 2020 hasta mediados de 2022.

 

Una escalada fruto de las tensiones inflacionistas, de creación externa, pero sufrimiento interno, agravada también por la subida próxima al 50% de los gastos generales que soportan las constructoras durante los últimos 20 años para cumplir con nuevas exigencias normativas y medioambientales, sin ninguna medida de compensación por parte del sector público.

Falta de trabajadores

La mala salud de la contratación pública también amenaza a la construcción de vivienda en un momento especialmente crítico, pues la falta tanto de mano de obra como de oferta se ha convertido en un problema socioeconómico de primera magnitud, que no sólo retrasa la emancipación de los jóvenes y frustra proyectos de vida, sino que también es un cuello de botella para la actividad empresarial, pues impide la movilidad de las personas hacia las zonas geográficas con más oportunidades laborales.

 

En este marco, urge acelerar la construcción de viviendas frente al actual desajuste con respecto a la creación de hogares, lo que podría desatar una crisis inédita en España. Por ello, proponemos un aumento de la oferta de todos los tipos de inmuebles de manera urgente a 220.000 al año para satisfacer la demanda no saciada de años pasados y alcanzar en unos años la deseada velocidad de crucero de las 150.000 anuales.

 

Eso sí, los ambiciosos objetivos que se ha marcado el Gobierno en materia de vivienda no podrán lograrse si no prestigiamos la imagen del sector para hacerlo atractivo a la hora de contratar a los trabajadores que necesitamos.

 

La construcción no sólo es vivienda. Son las carreteras, los hospitales y las infraestructuras tecnológicas con más efecto tractor sobre el crecimiento, el empleo y el bienestar social. Así pues, somos determinantes para afrontar los retos del futuro, entre los que por supuesto destaca la cohesión de los territorios y la lucha contra la despoblación. Claves para garantizar los servicios públicos básicos, para impulsar las transiciones ecológica y digital. Cada día más dinámicos y competitivos para acometer la gran obra de modernizar y vertebrar España. Y, ciertamente, necesitamos poco para cambiar mucho.

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