Ignacio Ruiz-Jarabo

ECONOMISTA, EXDIRECTOR DE LA AGENCIA TRIBUTARIA Y EXPRESIDENTE DE LA SEPI

¿Y si desaparecieran las PYMES?

¿Se ha puesto alguien a pensar qué podría suceder si todas las pymes españolas desapareciesen? Basta repasar algunos datos para constatar que supondría un auténtico apocalipsis económico. Así sería, pues, no otra cosa, el que se evaporasen el 99% de las empresas españolas y, con ellas, más del 60% del valor añadido generado en nuestra economía y en torno al 65% del total de los empleos privados existentes en España -90% en el sector de la construcción, 83% en el agrario-. De modo que sí, que si desaparecieran nuestras pymes asistiríamos a un tsunami económico de catastrófica dimensión.

 

Siendo realistas, hemos de convenir que un escenario tan apocalíptico como la desaparición total de las pymes es impensable. Pero convengamos también en que una reducción no marginal de su censo constituiría un serio problema para la economía española que afectaría especialmente a aquellos sectores económicos en los que la pyme tiene una mayor presencia y, por lo tanto, relevancia.

 

Lo expuesto obligaría -obliga- a que en nuestro país existiera -exista- una política específica de apoyo y protección a la pyme española. Desgraciadamente, la realidad está en las antípodas de lo que sería deseable y conveniente, pues nuestras pymes son las grandes olvidadas de la política económica, cuando no sus principales víctimas. Es así porque, debido a las economías de escala, su reducida dimensión relativa las hace generalmente más vulnerables a cualquier decisión que resulte dañina para las empresas.

RECORDEMOS QUE ESTA BRECHA O CUÑA FISCAL EXISTENTE EN ESPAÑA
ES LA TERCERA MÁS ALTA DE LA UNIÓN EUROPEA Y SUPERA EN UN 40% A LA MEDIA COMUNITARIA

Así sucede con las varias decisiones que han empujado al alza los gastos de personal, componente que se viene incrementando notablemente en los últimos años. Primero, por las alocadas subidas del salario medio interprofesional decididas por el Gobierno -50% en seis años, periodo en el que la inflación acumulada ha sido de un 20%-. Segundo, por el aumento de las cargas sociales inherentes al empleo que han incrementado la brecha fiscal o diferencia entre la retribución que percibe un trabajador y el coste que para la empresa supone darle empleo. Recordemos que esta brecha o cuña fiscal existente en España es la tercera más alta de la Unión Europea y supera en un 40% a la media comunitaria.

 

Qué decir de los costes que supone la exageradamente sobrecargada regulación existente en la economía española, cuestión que por la citada economía de escala exige un especial esfuerzo y mayores gastos relativos a una pyme que a una gran empresa. Similar observación cabe hacer en relación con los requisitos de la Agenda 2030, ese caballo de Troya que la Unión Europea ha infiltrado en su propio seno y que constituye un arma de destrucción masiva de la actividad económica y del empleo.

 

Y cómo no mencionar los costes inherentes al sistema fiscal vigente España, pues más allá de la sobrecarga tributaria que comporta, su aplicación supone para cualquier empresa un conjunto de tareas y responsabilidades ciertamente significativo. Pensemos en el mecanismo de declaraciones con autoliquidación, en las numerosas obligaciones contables y registrales que han de cumplirse, en todas las declaraciones de carácter informativo que se exigen, y en la obligatoria colaboración en la gestión del IRPF de sus empleados mediante la retención y pago de lo retenido. Sin duda, el reseñado conjunto de tareas supone un mayor esfuerzo y un coste económico superior para una empresa menor que para una mayor.

UNA IDEA ATREVIDA QUE BIEN PUDIERA CONVERTIRSE EN BANDERA DE CEPYME: ¿POR QUÉ NO PROPONER
LA CREACIÓN DE UN MINISTERIO DE LAS PYMES?

En el momento en el que se escriben estas líneas es también obligado referirse al disparatado proyecto de reducción de la jornada laboral cuyo mejor final debería ser una papelera. Además, reducir con carácter general la productividad, convertir el proyecto en norma, supondría un notable aumento de sus costes laborales para un número elevado de pymes, circunstancia que acaecería especialmente en aquellas que tienen un horario de apertura al público como sucede en las que operan en los sectores de comercio y hostelería.

 

Éste es el panorama al que se enfrentan las pymes españolas y éste es el escenario en el que han de jugar nuestros pequeños empresarios. Pensándolo fríamente, para ellas y ellos es casi un milagro sobrevivir.

 

Y, como colofón, una idea atrevida que bien pudiera convertirse en bandera de CEPYME: ¿Por qué no proponer la creación de un Ministerio de las Pymes? O, al menos, una Secretaría de Estado específica dentro del Ministerio de Economía. Dada la dimensión y la relevancia del tema, una Dirección General se queda muy, pero que muy, corta. Y, desde luego, actualmente existen multitud de Ministerios y de Secretarías de Estado con mucha menor enjundia.

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