José Carlos Díez
PROFESOR DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ
Europa renuncia a la revolución digital
Los primeros algoritmos para procesar datos comenzaron en los años cincuenta del siglo pasado, pero la revolución digital como la conocemos hoy comenzó en 2007 cuando Steve Jobs presentó su primer teléfono inteligente. Desde entonces, la capacidad del ser humano para generar datos crece exponencialmente. Para almacenarlos y procesarlos, las empresas tecnológicas han desarrollado la nube y sistemas que procesan esa masa de datos a la velocidad de la luz.
Hace tan sólo 25 años, replicar la capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos que tiene hoy una videoconsola que cuesta menos de 1.000 euros, costaba más de 60.000 euros y necesitabas una nave amplia para instalar los aparatos necesarios. Esa reducción de costes tan brutal es lo que explica que la demanda de datos haya explotado.
Hoy los datos ordenados y estructurados, generados internamente en la empresa o comprados en el mercado, ya no son un problema y han permitido el desarrollo de modelos de inteligencia artificial estándares que permiten identificar regularidades en esa masa ingente de datos y tomar decisiones repetitivas. El reto está en los denominados datos no estructurados, principalmente imágenes, que requieren redes neuronales complejas denominadas en inglés deep learning.
Estamos ante la mayor revolución tecnológica desde que la especie humana se hizo sedentaria en el neolítico y, como siempre ha sucedido, hay miedo sobre el futuro del empleo. Se habla que la tecnología destruirá empleo, pero lo que ya está sucediendo es que las empresas y los países que desarrollen tecnologías digitales e inteligencia artificial le están quitando los mejores empleos con los mejores salarios a las empresas y los países que no se adapten a la revolución digital.
España es líder mundial en pernoctaciones turísticas, pero la mayor parte de las reservas en nuestros hoteles se hacen a través de una aplicación que se ha desarrollado en California y que cobra más del 15% del precio que paga el cliente sólo por intermediar. En España vendemos habitaciones de hotel por horas a 100 o 200 euros la noche y un buen consultor de tecnología de Silicon Valley cobra más de 500 euros por hora de trabajo.
Las grandes empresas tecnológicas son americanas y los mayores desarrollos de inteligencia artificial en datos no estructurados se hacen en China, pero Europa ni está ni se la espera. Hay una limitación de capital derivada de las diferencias en los sistemas de pensiones. En Estados Unidos el sistema de pensiones público es menos generoso que en Europa y las empresas complementan a sus trabajadores con aportaciones a sistemas de pensiones privados que invierten el 10% de su cartera en capital riesgo y que han sido determinantes para financiar el crecimiento de sus gigantes tecnológicos. En China la ausencia de capital privado se cubre con capital y financiación pública para que sus empresas tecnológicas sean igual de competitivas que sus competidoras americanas.
ESTAMOS ANTE LA MAYOR
REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA DESDE
QUE LA ESPECIE HUMANA SE HIZO
SEDENTARIA EN EL NEOLÍTICO Y,
COMO SIEMPRE HA SUCEDIDO, HAY
MIEDO SOBRE EL FUTURO DEL EMPLEO
En Europa la Comisión Europea no tiene competencia de política industrial y los instrumentos de financiación pública son pequeños y muy burocráticos en su implementación. Pero la principal limitación es la regulación, como ha denunciado Mario Draghi en su reciente informe, que “mata el desarrollo de nuevas empresas tecnológicas”.
Un buen uso de imágenes puede identificar enfermedades o incendios y evitar muertes o que nuestros bosques acaben devorados por las llamas, pero la regulación europea para supuestamente proteger la intimidad de los ciudadanos limita en exceso el uso de datos y de inteligencia artificial. En China se da prioridad al uso social de los datos con prioridad a la protección individual y es el modelo opuesto también con excesos. California es un estado socialmente avanzado que siempre ha sido pionero en la defensa de los derechos del ser humano y permite un uso masivo de datos que en el caso de ser fraudulento está tipificado como delito y perseguido con todo el peso de la ley.
En España hemos metido una restricción adicional. El nuevo centro creado por Nadia Calviño en Coruña para regular el desarrollo de inteligencia artificial ha exigido que cualquier empresa o particular que use más de cinco ordenadores conectados necesite una autorización administrativa para operar, lo cual recuerda a modelos predemocráticos de control y limitación de las libertades individuales y supone una desventaja competitiva para las empresas tecnológicas españolas.
EUROPA Y ESPAÑA TIENEN TALENTO
Y CAPITAL HUMANO DE SOBRA PARA
SER COMPETITIVOS EN LA ERA DE LA
TECNOLOGÍA GLOBAL, PERO FALTA
LIDERAZGO Y VISIÓN ESTRATÉGICA
La Comisión, el Consejo, el Parlamento europeo y el Gobierno español han decidido por ley que los empleos tecnológicos mejor pagados europeos se destruyan para ser sustituidos por trabajadores estadounidenses o chinos. Sin esos empleos, como ha advertido Mario Draghi, el estado de bienestar europeo -que es nuestra seña de identidad- está en peligro de extinción, más aún con el avance del envejecimiento de la población que aumenta exponencialmente el gasto en pensiones y sanidad pública.
Tras un diagnóstico tan preocupante lo normal es que desde Bruselas se actuara rápido y se hiciera una regulación digital más competitiva que sea compatible con la protección de nuestros derechos como ciudadanos. Pero mucho me temo que, como siempre, Europa actuará demasiado tarde y con poca intensidad. Europa y España tienen talento y capital humano de sobra para ser competitivos en la era de la tecnología global, pero falta liderazgo y visión estratégica para dejar de estar cautivos de los relatos y la corrección política y pasar a la acción como han hecho en EEUU, en China, en Corea del Sur, en Taiwán, en Israel, etcétera.