José María Rotellar

PROFESOR DE ECONOMÍA. DIRECTOR DEL OBSERVATORIO ECONÓMICO DE LA UNIVERSIDAD FRANCISCO DE VITORIA

Las PYMES en un entorno de incertidumbre económica

Aunque aparentemente resiste en el corto plazo, la economía nacional está muy deteriorada desde el punto de vista estructural. Se ha apostado por la economía del corto plazo a base de un ingente gasto público, que hace que la deuda crezca exponencialmente y que eso suponga un lastre para el crecimiento futuro. Sólo sujetan a la economía española ese gasto público y un buen comportamiento hasta ahora del sector exterior, pero la composición del crecimiento es insana, con mucho gasto y poco consumo e inversión. Esta última ha permanecido por debajo, en términos reales, de los niveles previos a la pandemia, y sólo la revisión extraordinaria y excepcional del PIB de 2021, que arrastra a toda la serie, ha permitido que alcance el nivel anterior a la crisis generada por el coronavirus.

 

Por su parte, el mercado de trabajo, por más que se haya modificado el tipo de contrato de las personas que antes eran temporales, realmente no crea empleo, sino que lo reparte, en el mejor de los casos, con el triste liderazgo europeo en la tasa de paro general y juvenil. Asimismo, la productividad española sigue baja, y el voraz incremento de impuestos y de cotizaciones a la Seguridad Social está asfixiando, hasta el cierre, a muchas pymes. En cuanto al contexto internacional, Europa no logra salir de su atonía y en EEUU hay una cierta probabilidad de recesión, que veremos si finalmente se cumple o no.

SE HA APOSTADO POR LA ECONOMÍA DEL CORTO PLAZO A BASE DE UN
INGENTE GASTO PÚBLICO, QUE HACE QUE LA DEUDA CREZCA
EXPONENCIALMENTE Y QUE ESO SUPONGA UN LASTRE PARA EL
CRECIMIENTO FUTURO

Así, la amenaza nacional es la del crecimiento insano, como he comentado antes, porque si las reglas fiscales hacen que el gasto público tenga que disminuir —que, además, es esencial que disminuya— y el sector exterior deja de aportar tan positivamente, por pérdida de competitividad de nuestras empresas y por disminución de renta de nuestros principales socios comerciales y mercados emisores, la economía caerá, porque el Gobierno, con su política económica intervencionista, ha anulado gran parte de la economía productiva, haciendo que nuestra economía, tristemente, sea sostenida por el gasto público en lugar de ser sostenible por ella misma.

 

Los datos nacionales más preocupantes son los de la composición del crecimiento, porque tiene un recorrido corto, artificial, basado en el gasto público, que se plasma en una deuda de 1,616 billones de euros, con un déficit estructural que va subiendo hasta el 4%, y con un intervencionismo asfixiante en la economía: impuestos específicos para determinados sectores; incremento peligroso del salario mínimo de manera desorbitada; aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social, que merma la competitividad de las empresas; ligado a lo anterior, reforma contraproducente del sistema de pensiones, que aumenta su insostenibilidad; intervencionismo en el mercado de vivienda y de alquiler, que intensifica el problema del acceso a la vivienda y sus precios; intento de reversión de la reforma laboral de 2012, incrementando la rigidez en las indemnizaciones por despido, al querer aumentarlas.

 

Adicionalmente, las guerras existentes hoy en día, con una probabilidad no despreciable de enquistamiento o de agravamiento, pueden provocar tensiones en los mercados y empeoramiento de expectativas que afecten negativamente a la economía. El resultado de las elecciones en EEUU también es un foco de posible perturbación económica, ya que hay elementos, por parte de ambas opciones, que pueden suponer un frenazo a los intercambios económicos, con intervencionismo y aumento del proteccionismo, que puede perjudicar a las pymes exportadoras.

 

Adicionalmente, la situación presupuestaria no es la más conveniente: aparte de los desajustes estructurales, España no cuenta con Presupuestos Generales del Estado para 2024 y puede que los de 2025 tampoco salgan adelante, con una senda de estabilidad que ha sido rechazada y que su vuelta al Congreso terminó en una retirada de la misma por parte del Gobierno debido a que podía ser rechazada de nuevo. Adicionalmente, esta incertidumbre hace que el Gobierno no haya enviado el ajuste presupuestario que Bruselas exige a los países con desajustes estructurales en sus cuentas, como es el caso de España.

 

En cuanto a reformas, en España urge una reforma profunda que elimine trabas, reduzca el gasto público de manera drástica, planteando un presupuesto de base cero para salvaguardar los servicios esenciales y acometer una rebaja de impuestos que impulse la economía, además de devolver a España la certidumbre, la seguridad jurídica.

 

Frente a ello, debe desplegarse toda una política reformista, como he dicho antes, de eliminación de obstáculos, gasto limitado, impuestos bajos, superávit presupuestario para reducir la deuda en valores absolutos, liberalización de los mercados e incremento de la seguridad jurídica.

EN ESPAÑA URGE UNA REFORMA PROFUNDA QUE ELIMINE TRABAS,
REDUZCA EL GASTO PÚBLICO DE MANERA DRÁSTICA, PLANTEANDO
UN PRESUPUESTO DE BASE CERO PARA SALVAGUARDAR LOS SERVICIOS ESENCIALES Y ACOMETER UNA REBAJA DE IMPUESTOS QUE IMPULSE LA ECONOMÍA

El tejido empresarial sufre ante el incremento del gasto público por el potencial efecto expulsión, que encarece la financiación, especialmente para las pymes, que suelen tener un acceso más complicado a la misma y que no pueden financiarse en otros mercados. Adicionalmente, el incremento de los impuestos eleva los costes de las empresas, que también son aumentados por la subida de las cotizaciones a la Seguridad Social en la parte del trabajador que soporta la empresa directamente, que es la mayor. Del mismo modo, el encarecimiento de la financiación, debido al endurecimiento sufrido en los últimos tiempos, limita las posibilidades de expansión empresarial.

 

Y si todo ello afecta negativamente a las empresas, impacta más profundamente en aquellas compañías que son pymes, cuya estructura no les permite soportar un incremento de costes importantes, que las conducen a una situación muy compleja: si no suben precios, no pueden soportar los costes; si los incrementan, pueden perder una parte importante de sus ventas. En definitiva, un escenario complicado en general, que afecta de lleno a las pymes, que necesitan impuestos más bajos, menos trabas y más reformas que eliminen los obstáculos al desarrollo empresarial.

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