Juan Manuel Vieites
PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN DE EMPRESARIOS DE GALICIA (CEG)
"Cómo la despoblación está afectando a distintas provincias: El caso de Galicia y la España vaciada"
Galicia, como muchas otras regiones españolas y europeas, está sufriendo, desde hace décadas, un proceso de despoblación notable del medio rural. Hablamos de proceso, porque viene ocurriendo de manera constante y no es una cuestión aislada y puntual.
La paradoja es que el éxodo rural de nuestros antepasados se relacionaba con una necesidad imperiosa de sobrevivir, de emigrar hacia zonas más prósperas en las que desarrollar un proyecto vital. La salida era hacia América, más tarde Europa y las capitales españolas y ahora también hacia el entorno urbano.
LA GENERACIÓN DE ACTIVIDAD ECONÓMICA Y DE EMPLEO DE CALIDAD SON ELEMENTOS ESENCIALES,
ESPECIALMENTE EN AQUELLOS TERRITORIOS MÁS ALEJADOS DE LAS CIUDADES
Las principales ciudades gallegas atraen población joven, en muchos casos para estudiar y seguidamente establecerse y en otros para trabajar. Así el rural envejece y pierde el relevo generacional.
Este proceso nos hace renunciar a una parte esencial de nosotros mismos: nos separa de nuestro origen, de nuestra forma de vida.
La prosperidad y el desarrollo, hoy, parecen relacionarse únicamente con la trama urbana, con la metrópoli, mientras las áreas rurales han quedado en un segundo plano, estancadas y donde solo nuestros mayores retienen nuestra esencia.
Cada año se van apagando lugares en diferentes parroquias gallegas, que quedan sin su activo capital: las personas. Galicia superpone en el ámbito rural la despoblación, que avanza con el envejecimiento, que golpea con mayor dureza a las áreas rurales, porque las urbanas maquillan en cierto modo el problema con la atracción de personas extranjeras y de jóvenes del rural.
Es un proceso lento y no será fácil cambiar la tendencia y mucho menos revertir la situación.
El desarrollo rural, política imprescindible
Queremos un rural vivo y dinámico, en el que depositemos nuestro acervo cultural, nuestra historia y costumbres, nuestro modo de ser y de vivir, que incluye como elemento diferencial la dispersión geográfica.
Queremos un medio rural que preserve también nuestro patrimonio natural.
Pero debemos pensar cómo quieren vivir las personas, cuáles son sus necesidades, qué condiciones demandan para desarrollar su plan y qué debe ofrecer el rural para que decidan apostar por desarrollar su proyecto de vida allí.
A mi modo de ver, la generación de actividad económica y de empleo de calidad son elementos esenciales, especialmente en aquellos territorios más alejados de las ciudades.
El desarrollo rural es una política imprescindible. La puesta en valor de nuestro territorio y el despliegue en materia de turismo vinculado al mundo rural contribuyen a preservar y divulgar Galicia.
Nuestro patrimonio histórico y cultural son fundamentales para la dinamización del medio rural en determinadas zonas: véase el impacto del Camino de Santiago.
QUEREMOS UN RURAL VIVO Y
DINÁMICO, EN EL QUE DEPOSITEMOS NUESTRO ACERVO CULTURAL,
NUESTRA HISTORIA Y COSTUMBRES, NUESTRO MODO DE SER Y DE VIVIR
Necesitamos modernizar y dimensionar el sector primario. Las explotaciones deben responder a criterios de sostenibilidad y rentabilidad, para que las personas puedan vivir del campo en parámetros del siglo XXI. Debemos apostar por la diversificación y por la incorporación de nuevas actividades, especialmente de transformación, que permitan que el valor añadido de nuestros productos permanezca en el territorio, generen empleos de calidad y dinamicen los servicios.
El desarrollo rural debe estar perfectamente imbricado con otras políticas, como la fiscal, la industrial y la ordenación del territorio; no en vano las directrices de esta última hablan de “actividades que se basen en la valorización de los recursos territoriales y teniendo en cuenta la singularidad de la localización”.
Cada territorio es diferente y está en condiciones de ofrecer prestaciones diferenciales.
Debemos identificarlas y ponerlas en valor.
En definitiva, necesitamos hacer frente al éxodo rural, que se incardina en un proceso generalizado de envejecimiento de la población en Galicia y de falta de relevo generacional. Para ambos problemas, la generación de actividad económica y de empleo de calidad es, desde mi punto de vista, una parte esencial de la fórmula para su tratamiento.