Manuel Balmaseda
PH. D. EN ECONOMÍA. DIRECTOR DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE BANCA Y FINANZAS (CUNEF UNIVERSIDAD) Y SOCIO FUNDADOR DE ARGIA GT&E
Menos regulación, más competitividad
En el momento en el que se escriben estas líneas es también obligado referirse al disparatado proyecto de reducción de la jornada laboral cuyo mejor final debería ser una papelera. Además, reducir con carácter general la productividad, convertir el proyecto en norma, supondría un notable aumento de sus costes laborales para un número elevado de pymes, circunstancia que acaecería especialmente en aquellas que tienen un horario de apertura al público como sucede en las que operan en los sectores de comercio y hostelería.
Éste es el panorama al que se enfrentan las pymes españolas y éste es el escenario en el que han de jugar nuestros pequeños empresarios. Pensándolo fríamente, para ellas y ellos es casi un milagro sobrevivir.
Y, como colofón, una idea atrevida que bien pudiera convertirse en bandera de CEPYME: ¿Por qué no proponer la creación de un Ministerio de las Pymes? O, al menos, una Secretaría de Estado específica dentro del Ministerio de Economía. Dada la dimensión y la relevancia del tema, una Dirección General se queda muy, pero que muy, corta. Y, desde luego, actualmente existen multitud de Ministerios y de Secretarías de Estado con mucha menor enjundia.
EN ESPAÑA, DONDE LAS PYMES CONSTITUYEN EL MOTOR DE LA ACTIVIDAD ECONÓMICA, LA SOBRECARGA REGULATORIA ES ESPECIALMENTE PERJUDICIAL
En España, donde las pymes constituyen el motor de la actividad económica, la sobrecarga regulatoria es especialmente perjudicial. Estas empresas, que ya soportan una carga fiscal considerable, a menudo se ven atrapadas en un complejo laberinto burocrático. Las normativas, frecuentemente duplicadas a nivel local, nacional y europeo, complican la expansión de las empresas, obligándolas a desviar recursos al cumplimiento normativo en lugar de destinarlos a la innovación y el crecimiento. La mayoría no dispone de equipos especializados en cumplimiento regulatorio, por lo que estas exigencias administrativas pueden resultar asfixiantes. Lejos de fomentar el emprendimiento, la burocracia se convierte en un freno que limita las oportunidades de expansión. Como subraya el Informe Draghi, es urgente simplificar las regulaciones para liberar el potencial de las empresas y mejorar su competitividad.
El coste de cumplir con todas las normativas es especialmente devastador en un contexto en el que las empresas todavía intentan recuperarse de los efectos de la pandemia y de los profundos cambios estructurales de la economía global. La sobrerregulación ahoga la creatividad y la flexibilidad, dos de los activos más valiosos que tienen los pequeños empresarios para competir en un mercado en constante evolución. Si las empresas no pueden adaptarse rápidamente a las nuevas realidades del mercado debido a una maraña burocrática, Europa y España corren el riesgo de perder una ventaja competitiva vital frente a otras regiones donde las empresas operan con mayor libertad y agilidad.
Por esta razón, el Informe Draghi subraya la necesidad de implementar reformas que reduzcan la burocracia y simplifiquen el marco normativo. No obstante, no basta con simplificar, es crucial que las regulaciones también sean predecibles y consistentes. Los cambios constantes y las interpretaciones ambiguas generan incertidumbre y aumentan los costes operativos. Para las pymes, que operan con márgenes más ajustados que las grandes corporaciones, esta incertidumbre puede significar la diferencia entre crecer o estancarse. Un marco regulatorio estable y predecible no sólo es deseable, sino esencial para impulsar su competitividad.
Aunque es necesario mantener altos estándares de calidad, así como responsabilidad social y ambiental, resulta aún más importante crear un entorno regulatorio más ágil y menos restrictivo que permita a las empresas centrarse en lo que mejor hacen: generar empleo, innovar y contribuir al crecimiento económico. El espíritu emprendedor es un recurso invaluable tanto para Europa como para España. Los empresarios, al asumir riesgos e innovar, aportan soluciones creativas a los problemas cotidianos. Esta mentalidad es exactamente la que se necesita para enfrentar los desafíos del futuro, desde la digitalización hasta la transición energética. Sin embargo, para que los emprendedores prosperen, es fundamental que existan políticas que incentiven su capacidad para innovar, en lugar de limitarla con barreras administrativas.
UN MARCO REGULATORIO ESTABLE Y PREDECIBLE NO SÓLO ES DESEABLE, SINO ESENCIAL PARA IMPULSAR SU COMPETITIVIDAD
En lugar de imponer más cargas regulatorias, las políticas públicas deberían centrarse en crear incentivos que permitan a los empresarios crecer, contratar más trabajadores y expandirse a nuevos mercados.
La digitalización y la innovación son aspectos clave que no pueden pasarse por alto si se pretende alcanzar los objetivos del Informe Draghi. En un mundo cada vez más digitalizado, muchas pymes todavía no han adoptado las tecnologías necesarias para competir en un entorno globalizado. La transformación digital ofrece enormes oportunidades, no solo para mejorar la eficiencia operativa, sino también para facilitar su acceso a nuevos mercados y aumentar su competitividad.
Un factor clave para este éxito es contar con una fuerza laboral capacitada para enfrentar los desafíos de la economía digital. La automatización y las nuevas tecnologías están transformando la forma en que operan, por lo que es fundamental que los empleados cuenten con las habilidades necesarias para adaptarse a estos cambios. Programas de formación continua y la modernización de la formación profesional (FP) son esenciales para garantizar que las empresas tengan acceso a trabajadores con las competencias requeridas. Innovación, digitalización y capacitación son los ingredientes de una misma receta: la competitividad.
EL FUTURO DE LA COMPETITIVIDAD
EUROPEA NO SE DECIDIRÁ EN
BRUSELAS, NI EN LAS SALAS DE JUNTAS DE LAS GRANDES
MULTINACIONALES, SINO EN LOS TALLERES, OFICINAS Y PEQUEÑAS
FÁBRICAS QUE PUEBLAN TODO EL CONTINENTE Y NUESTRO PAÍS
En definitiva, el Informe Draghi plantea un reto, pero también una gran oportunidad. Si Europa y España desean mantener su competitividad en la economía global, es esencial que centren su enfoque en el sector privado y, en particular, en las pymes. Estas empresas no solo son el motor económico del continente, sino que también encarnan el espíritu emprendedor que ha impulsado la competitividad europea y española durante siglos. Confiar en ellas y reducir las cargas regulatorias son pasos esenciales para que puedan cumplir su papel en la transformación económica de Europa y España.
El futuro de la competitividad europea no se decidirá en Bruselas, ni en las salas de juntas de las grandes multinacionales, sino en los talleres, oficinas y pequeñas fábricas que pueblan todo el continente y nuestro país. Son los empresarios, con su capacidad para adaptarse, innovar y asumir riesgos, quienes tienen la llave para que Europa y España recuperen su competitividad. Para que esto ocurra, es necesario que dejen de ver a los empresarios como sujetos de regulación y comiencen a tratarlos como socios indispensables en la construcción de un futuro más próspero.