Miguel López Abad
PRESIDENTE DE CROEM
"La región de Murcia, potencial pendiente de inversores"
Cuando te mueve el interés general, convencido de que puedes aportar cosas que contribuyan al bien del tejido empresarial y de tu propia región, es más fácil dar un paso al frente y asumir responsabilidades. Fomentar el dinamismo económico, clave para que el sector privado pueda seguir creando riqueza y empleo, es un objetivo básico para que un territorio sea innovador, competitivo y atractivo para las inversiones.
Eso es lo que pretendemos desde la confederación murciana, CROEM; que mi región ofrezca las mejores oportunidades para quienes desarrollan un proyecto de empresa o consolidarlo y hacerlo crecer.
Para ello, será necesario un guión que incluya medidas a corto y medio plazo, pero también líneas de trabajo más a largo plazo que visualicen una nueva Región de Murcia, donde impulsar la actividad empresarial sea una de las claves.
Un punto de partida obligado es la reforma de la financiación autonómica, una petición que no es nueva. La Región de Murcia es hoy la peor financiada de España, con un gasto por habitante alejado de otras autonomías de menor tamaño y mucha menos población. Se trata de una cuestión que no han sabido resolver los distintos Gobiernos que ha habido en España. Por otra parte, seguir captando inversiones tiene que ser una prioridad. Ponérselo fácil a las empresas foráneas repercute positivamente en el desarrollo económico y social de la región, pero sin olvidar que hay talento, conocimientos y experiencia sobrada en las empresas murcianas.
Desde la confederación hemos reivindicado un nuevo Plan de Industria, necesario para la diversificación de la economía regional, que incluya un impulso a las energías renovables. En esa diversificación tiene que aportar mucho más el turismo. Condicionantes como la falta de buenas comunicaciones supone tener menor número de visitantes. Faltan frecuencias diarias en el AVE a Murcia y se debe acometer sin más dilación la electrificación de la línea Murcia-Albacete por Chinchilla, corredor natural al centro peninsular. Y tan importante como esto es que culminen las obras del Corredor Mediterráneo. El tercer carril de la A-7 desde Crevillente hasta Puerto Lumbreras y el inicio y puesta en marcha del Arco Norte deberán marcar las previsiones en red viaria.
Todo ello, estoy convencido, hará que la Región de Murcia sea más atractiva para la inversión. Un dato, las provincias limítrofes, Almería y Alicante tienen dos y tres veces más plazas hoteleras que Murcia. La confederación regional, en colaboración con la patronal e turismo y hostelería HoyTú, ya ha demandado la disponibilidad de más suelo con estos fines.
Y no puedo olvidarme de las infraestructuras aeroportuarias. El Puerto de Cartagena, número uno en graneles líquidos y sólidos en España, necesita desarrollar sus proyectos de ampliación. El Gorguel es una inversión estratégica no sólo para la región sino para todo el país, por lo que es necesaria su declaración de interés nacional para que España sea líder portuaria en el Mediterráneo.
Al mismo tiempo es clave el impulso definitivo de las ZAL de Cartagena y de Murcia para que sean una realidad y hagan de la región uno de los polos logísticos más importantes del sureste español. Y el aeropuerto internacional aún tiene pendiente recuperar la cifra de pasajeros alcanzada antes de la pandemia, para lo que hará falta seguir trabajando nuevas rutas. Estamos también pendientes de que se ponga en funcionamiento la terminal de carga, que dará salida a nuestras exportaciones.
En este sentido, el nivel de estas viene marcado por la potente industria agroalimentaria, que con tanta preocupación observa el devenir del trasvase Tajo-Segura, que es intocable. Es necesario un Plan Nacional que equilibre la situación entre la España seca y la España húmeda. La cuenca del Segura es deficitaria y las empresas y los puestos de trabajo que dependen de una aportación externa están condenados a su desaparición si no se alcanza ese acuerdo nacional.
Dos reflexiones más. Estamos dando los pasos adecuados para crear trabajo de alto valor añadido en dos líneas, la economía circular y la digitalización. Los cambios normativos, sociales, culturales y climáticos nos obligan a ello. Para el tejido empresarial urge la puesta en marcha de estrategias con el objetivo de seguir contribuyendo al crecimiento económico sostenible y a la generación de empleo de calidad. Tanto como fomentar la inversión en digitalización en todos los ámbitos públicos y privados. Las administraciones tienen que ser más eficientes para adaptarse a las exigencias y ser competitivas en un mercado que exige no bajar la guardia.